"El día que fuimos Santiago Cañizares"

26/12/2017

En esta vida cada uno elige los momentos que quiere guardar en su lista de recuerdos imborrables y yo siempre lo he tenido más claro que el agua, cada cumpleaños debe ser antológico. A partir de ahí debo implicar a mis amigos y crear una fiesta memorable, y eso no es fácil. Hay que hacer cosas diferentes...

  

Decidí entonces, que quien viniese a mi cena, debía mutar su "look" y convertirse durante una noche en lo que a mi me diese la gana. Sino, no entraban a cenar y lo tenia clarísimo. Pero para eso debo aclarar una cosa; necesitas amigos idiotas, y los míos en eso son cum laude.

  

El 20 de Octubre de 2015 lo decidí, mi causa más defendida a ojos del mundo es mi valencianismo, (pese a que una gran mayoría de mis amigos les importe tres pepinos el Valencia) y se tenían que meter de lleno en mi causa. ¿Y qué icono es más reconocible que Don Santiago Cañizares? Un tipo listo, con un pelo admirable, un rubio de digno valiente y más cojones que un santo. Ya estaba decidido, mi 2015 era suyo, iba a crearse “El Cañete´s Birthday”. Ahora había que comunicarlo en el chat de colegas y os podéis imaginar las reacciones. ¡DIOS SI! La gente estaba encantada de la vida; pero surgían preguntas como.. ¿Pero me tengo que oxigenar el pelo? ¿Hay que pasar por peluquería? ¿Nos tenemos que afeitar? Y yo soy exigente con mis cumpleaños, aquí no vale eso de “menos es más”, ni de coña, aquí más es más; y se implicaron de lo lindo.

  

El día se iba acercando, y eso implicaba encontrar camisetas del VCF, pasar por Decathlon a pillarte unos guantes o pillarte una combinación perfecta de spray rubio y spray blanco para encontrar “la tonalidad Cañete”. Con todos los preparativos listos, llegó la cena. Sonaba el timbre de mi puerta una vez y otra y otra... hasta contar diez veces. En cada una de ellas, entraba un Cañete distinto, con un equipaje perfecto y un pelazo… Yo solo me los imaginaba conduciendo ellos solitos hacia mi casa (familias en los semáforos disfrutando de la estampa y diciendo: “hijo mío, el dragón ha vuelto”). El portero de la finca, creo que aún se esta riendo de la historia, porque el hombre no daba crédito a tal dosis de valencianismo.

  

Tras una cena gloriosa, nos tocaba salir juntos a la calle. Diez Cañizares en conjunto y una imagen para la eternidad. Nos dispusimos a hacer botellón como mandan los cánones, así que con nuestros guantes y nuestra toalla roja, tomamos unos tragos en la botellita de agua “tocada” de gin. Bien cargados de energía, empezaba el partido. Nos fuimos a la discoteca con todo nuestro orgullo. El puerta nos pidió autógrafos, y nosotros le firmamos sin contemplaciones. Pese a la borrachera, no nos quitamos ni un detalle y nos metimos en la jungla. Paramos de todo, desde penaltis a chupitos de Jagger. El dj no era Mendieta, pero ojalá.. éramos lógicamente el centro de atención, la gente no entendía nada, pero nosotros si. Era mi cumple, o más bien, mi homenaje al único hombre de la tierra que lloró más que yo en Milán.

  

DON SANTIAGO CAÑIZARES. VA POR TI, MAESTRO.

 

 

   

Amunt VIACHERS, Amunt València!

 

 

 

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