"Ser o no ser valencianista"

23/01/2018

En la vida se suelen tomar muchas decisiones. Muchas de estas son intrascendentes o carecen de relevancia en nuestras siguientes vivencias. Otras, en cambio, marcan el devenir de una persona y le acompañan el resto de su vida.

  

Las decisiones que tomamos vienen respaldadas tanto por nuestras condiciones innatas, es decir, aquello con lo que simplemente nacemos y somos, y por las experiencias que vivimos. Estas dos variables afectan a nuestras decisiones, trascendentales o no, y que inciden así en lo que somos como personas, a nuestra forma de vivir...

  

Desde VIACHERS nos hemos hecho la siguiente pregunta: “Ser del Valencia ¿se elige o se nace?” Como hemos dicho antes, tus condiciones innatas y las experiencias marcan tus decisiones. Si desde pequeño has sido educado bajo los colores valencianistas, la tradición de ir a Mestalla o ver el fútbol con tu padre/madre o amig@s del colegio cada fin de semana todo parece mucho más fácil pero… ¿qué pasa si has nacido fuera de la Comunidad Valenciana, en tu familia solo hay madridistas o barcelonistas, tus amig@s sienten animadversión hacia el "nostre" o nunca has pisado Mestalla?

  

Desde luego parece difícil, a no ser que baje el Espíritu Santo a tu casa y te explique las ventajas de ser del Valencia, que te declares fiel seguidor de un equipo con el que no has tenido ningún tipo de conexión, no goza del respaldo mediático suficiente en los medios nacionales y no tiene un historial de títulos recientes como para reforzar la decisión de apoyarle.

  

Para aclarar nuestras dudas, les hemos preguntado a 7 increíbles valencianistas foráneos para que nos cuenten sus historias. Valencianistas sin ningún tipo de vínculo o influencia valencianista pero que por experiencias puntuales vividas en determinados momentos de su vida les hicieron “elegir” el valencianismo como forma de vivir. Todos ellos son jóvenes con grandes valores que, desde la sombra de sus ciudades, animan al Valencia CF cada partido.

  

1. Javier Velasco, 22 años (Tudela, Navarra)

  

Empecé a sentir lo que era ser del Valencia cuando, a los 5 años, en un viaje de vuelta a casa en la radio del coche retransmitían un partido de nuestro equipo. El flechazo que sentí aquel día era solo el inicio de una historia de largo recorrido.

  

Desde aquel momento empecé a apoyar al equipo. En mi entorno, todo el mundo hablaba del Madrid o del Barcelona. Cuando aún eres un niño, aún es más difícil y toca lidiar con las típicas preguntas: ¿y por qué del Valencia? ¿Pero qué sentido tiene eso, si aquí nadie somos de ese equipo? “Pues sí, soy del Valencia y con mucho orgullo”. Aún con la distancia, mi seguimiento al Valencia me ha hecho aprender a querer a un escudo, también cuando las cosas van mal, cuando no se ganan títulos y se está al borde del abismo, porque así el éxito es incalculablemente más satisfactorio. Ser aficionado del Valencia me ha hecho más fuerte, sin duda. Recuerdo esos primeros años de valencianismo muchos y muy bonitos recuerdos.

  

Como valencianista he ido a ver al Valencia a Soria, Zaragoza, Pamplona o Madrid. Sin embargo, la mejor experiencia de todas fue en Mestalla. El ambiente que se respiraba. Sentía que ya había merecido la pena el viaje. Ver de repente a tanta gente unida que se emocionaban, como yo, por el mismo sentimiento fue sencillamente espectacular.

  

Para cualquier valenciano que acude cada domingo a Mestalla supongo que será algo imperceptible pero, os puedo asegurar que, los que somos de fuera y siempre habíamos soñado con estar ahí, ver todo eso por primera vez nos produce una euforia indescriptible. Recuerdo que cuando acabó el partido, y pese a la derrota, me costó abandonar el campo porque sabía que tardaría en volver.

   

2. Luís Antonio Solís, 34 años, (Ciudad de Panamá, Panamá)

  

Mi nombre es Luis Antonio Solís, nací y crecí en la Ciudad de Panamá y a los 19 años comencé a viajar por todo el mundo. 

  

Panamá no es un país de fútbol, sin embargo, es una disciplina que me inculcaron en el colegio desde los 4 años. Por ello siempre le tuve cariño y a la larga se convertiría en un amor especial gracias a la selección de Panamá y a pasión con el Valencia CF. 

  

Mi afición por el Valencia comenzó cuando vi a España en el Mundial de Alemania en 2006 con Albelda, Marchena, Cañizares, Villa y Joaquín. Al concluir el Mundial me quede con ganas de más fútbol, y es cuando recordé ver los resúmenes de las jornadas de la Liga Española en Panamá dónde siempre abrían con los testarazos de Dely Valdés en el Oviedo y el Málaga y dónde curiosamente siempre mostraban ese gran gol de Mendieta en la final de Copa del Rey de 1999.

  

Comencé a interesarme por los partidos del Valencia en La Liga, Copa del Rey y Champions, me encantaba su estilo de juego y sus jugadores. Ese seguimiento me hizo estudiar la historia del club y sus logros en el pasado reciente. Me sentí identificado por los valores del club y por ser la diferencia en una liga muy competitiva.

  

He tenido la oportunidad de ver 4 partidos del Valencia en directo. El primero en Mestalla fue muy especial Valencia 3-1 Sevilla, una remontada con goles de Villa y Mata, y gol en el descuento de Pablo Hernández para desatar la locura de todos en el estadio. Recuerdo la emoción de sentir el apoyo de la grada al equipo y el recibimiento de TOTS UNITS cuando nuestros jugadores saltaron al campo. 

  

Esta temporada espero que Marcelino y nuestros jugadores nos den la alegría de regresar a Champions y de llegar a la final de la Copa del Rey. Amunt Sempre.

 

 

  

3. Alberto García “Tito”, 28 años, (Madrid)

  

Madrileño y de familia madridista, muy madridista, mis primeros años me vi obligado a seguirles la corriente hasta que con diez años, y mi uso de razón un poco más desarrollado, caí en la cuenta que me gustaba el blanco, pero con ciertos detalles negros.

  

Todo esto no hubiese ocurrido sin la gran ayuda del conserje de mi colegio, Pepe, valencianista de cuna y principal artífice de mi conversión al valencianismo.

  

Yo era el delegado de clase en aquellos años y, por tanto, el encargado de ir cada día a primera hora con el parte de asistencias. Este proceso no llevaba más tiempo que un par de minutos, pero la pasión de Pepe por los colores hacía que nos quedásemos hablando del Valencia durante unos minutos más, especialmente los lunes después de la jornada. Poco a poco me fui dando cuenta de que empezaba a interesarme más por el Valencia que por el Real Madrid. Borré las ligas que tenía y empecé con el Valencia. Por aquel entonces recuerdo jugar con Vlaovic de delantero en un antiguo juego de fútbol. Pero el paso definitivo fue el día que cogí un cromo del escudo del Valencia y empecé a copiarlo a tamaño A3 para pegarlo en mi carpeta. Recuerdo que gasté el rotulador verde para colorear el fondo. Una vez terminado le dije a mi padre: “Papá, soy del Valencia”, y dejaba de ser del Real Madrid para siempre. Todavía hoy me sigue recordando ese día y que pensaba que la “tontería” me iba a durar una semana… bendita tontería.

  

Por mi cumpleaños le pedí a mi madre la camiseta del nuevo fichaje del Valencia: Fabio Aurelio. Aún recuerdo que en El Corte Inglés no tenían el jugador actualizado en la base de datos para poner la serigrafía así que tuve que deletreárselo: F. Aurelio. A partir de ese momento la gente me empezaba a llamar “FAURELIO” porque les parecía gracioso que me comprase la camiseta de un jugador desconocido y con ese nombre pero el tiempo me dio la razón. Desde aquel día hasta hoy, muchas experiencias inolvidables como el primer día que les vi en directo (Real Madrid 1-0 Valencia, gol de Owen) o mi primera celebración con gente valencianista, con Viachers.

  

4. Javier Belarra, 19 años (Pamplona, Navarra)

  

Todo empezó en la Semana Santa de 2004 cuando yo tenía 5 años. La temporada estaba llegando a su fin y  una victoria de Osasuna en el Bernabéu sumada al gol de Angulo en la Romareda dejaba en bandeja la liga para el Valencia. No sé si sería por el liderato, por la peluca de Jaume Ortí o porque aquellos días estaba de vacaciones en la Comunidad Valenciana, pero desde aquel momento, nadie ha conseguido quitarme de la cabeza mi pasión por el equipo blanquinegro. Todos tenemos algo que nos hace diferentes a los demás y en mi caso ese algo, es el Valencia. Cuando la mayoría se centraba en conseguir los cromos de Ronaldinho, Ronaldo o Raúl yo prefería los de Rufete, Aimar o Ayala.

  

La siguiente temporada comenzó y aunque el inicio fue ilusionante, todo se torció en Bremen. Dicen que nada puede con la ilusión de un niño y a pesar de todas las dificultades mi valencianismo se afianzó. Recuerdo mi primera camiseta,  escuchar por la radio goles de Di Vaio o actualizar cada dos minutos el teletexto en cada partido, pero aún faltaba algo para convertirme por completo al valencianismo.

  

Así que tras meses pidiéndolo de todas las formas posibles, el 30 de abril de 2005 y con el 14 de Vicente a mi espalda, allí que fuimos, al campo municipal de Los Pajaritos (Soria). El resultado fue insuficiente, un empate frente a un equipo condenado al descenso... aunque lo más importante estaba conseguido, el “viaCHEr” que todo valencianista lleva dentro había despertado en mí.

 

 

Los Pajaritos siempre será especial, pero mucho más difícil es olvidar el asiento 168 en la fila 4 de gol Xicotet Bajo, una victoria por 3-0 contra Osasuna (doblete del Guaje incluido) fue la primera vez que pisé Mestalla. Luego han venido Mendizorroza, el Coliseum, el Madrigal o El Sadar, estadios de dónde no siempre hemos salido con una sonrisa pero ya se sabe que para bien o para mal el nostre siempre nos lleva al límite.

  

Ser valencianista estos últimos años no ha sido fácil,  los lunes eran más lunes,  había que aguantar bromas (muchas) y las victorias se hacían de rogar. Pero de la mano de Marcelino parece que hemos vuelto a nuestro lugar, del que nunca debimos irnos. Yo siempre lo he tenido muy claro: ser del Valencia siempre ha merecido la pena.

                                                                                             

5. Antonio Mateo, 23 años (San Fernando, Cádiz)

  

Es curioso recordar lo grande que recordamos las cosas cuando éramos pequeños. Los pupitres de las clases que ahora los vemos minúsculos, las croquetas de mamá que eran más grandes que nuestros dedos… La fotografía en mi cabeza se dibuja desde una mirada de niño vista desde abajo, muy abajo. El lugar es una ciudad de Cádiz llamada San Fernando y yo tenía 5 años. Una tómbola enorme y un feriante hablando a voz en grito por toda la feria y situando el foco de su discurso en mí. Me había tocado un balón del Valencia.

  

Este hecho fue la semilla del valencianismo que creció en mí. Mi tío Augusto me quiso regalar una camiseta de un equipo y como yo jugaba con mi balón horas y horas, la elegida fue la del Valencia. Yo, que no era especialmente futbolero, cada vez que veía en la televisión jugar al equipo ché me quedaba embobado y me fijaba en los jugadores. La magia de Aimar, la fuerza de Albelda, el gol de Mista, las paradas de Cañizares, la fuerza de Ayala… Yo no sabía que era, entiendo que la magia de un equipo de leyenda que, poco a poco, iba posando su mirada en mí. Nunca me he preguntado “¿por qué soy del Valencia?”, lo que ahora me cuestiono siempre es: “¿cómo no podía ser del Valencia?”.

  

Aún no he vivido ningún partido en Mestalla pero la primera vez que vi al equipo en directo fue en 2011 en Cádiz. Parecía un partido cualquiera de Copa del Rey pero para mí no lo era. La primera vez que veo a mi equipo y en mi ciudad. Sentado en mi asiento, quieto, comiendo pipas, mi hermano me decía: “si marca el Valencia no lo celebres”. La afición del Cádiz celebraba cada llegada, los regates, los tiros. Yo callaba pero era feliz, por fin veía jugar a Albelda, Jonas, Parejo... El partido quedó en empate, pero yo había ganado ese día.

  

 

6. Antonio Martinez, 24 años (Murcia, Región de Murcia)

  

Pues sí, soy nacido en Murcia, he vivido en Madrid toda mi vida y sí, soy del Valencia. Murciano, madrileño y Valencianista. Algo que para la gran mayoría de amigos y conocidos, por alguna razón que después de veinticuatro años sigo desconociendo, resulta incomprensible.

  

En un entorno plagado de falso sentimiento futbolero, o lo que es lo mismo, madridistas, me habrán preguntado más de una centena de veces que por qué soy del Valencia, si no soy valenciano, y la verdad que, pese a ello, aún no lo tengo claro. Nunca había tenido ningún vínculo con la ciudad, ni ninguna influencia familiar o de amistad que pudiera hacerme pensar que mi lugar como aficionado en realidad estaba en un sitio que, por aquel entonces, desconocía.

  

Siempre digo que yo no escogí al Valencia, el Valencia me escogió a mí, y lo digo tal y como lo siento. El fútbol se puede ver y sentir de muchas maneras, y de entre todas, tenía claro que había una que me gustaba especialmente, la única que me transmitía algo, la única que despertaba algo en mí, a veces bueno, a veces muy bueno y otras no tanto, y que iba más allá del fútbol, y no; no hablo de ninguna mujer. Hablo de ese equipo que por aquellos años aún estaba terminando de hibernar y que a cualquiera se nos hacía muy difícil imaginar que tras ese despertar vendrían años dorados.

  

Ese murciélago que había anidado en mi cuarto ya había crecido, y tras unos años, no tuve más remedio que, con doce años, realizar mi primer viaje a Valencia. Fue en la temporada 2004/2005, recién comenzada la segunda etapa de Ranieri, y con la Supercopa de Europa bajo el brazo, asistí a un Valencia-Villareal de la primera jornada de esa temporada que, por cierto, se jugó un lunes y que acabó 2-1, con goles de Marchena y Baraja. Lo recuerdo como si fuera ayer.

  

En Mestalla vi gente que sentía y que le movía la misma pasión. En definitiva, gente como yo, y de la que además tenía la plena convicción que era única. Completamente diferente a la del resto de aficiones, ese intangible que todo el que va Mestalla estoy seguro que tarda poco tiempo en captar sea del equipo que sea.

  

Una década y media después, he tenido el placer de ir a Mestalla muchas veces más y de disfrutar de la ciudad en todas sus vertientes, más allá del fútbol. Y lo cierto es que mi valencianismo me ha hecho un poco valenciano a mí también. Por eso, no se sorprendan cuando más allá de las fronteras oigan un “Amunt Valencia” porque a algo tan grande es imposible ponerle límites.

 

 

7. Miguel Sáiz, 24 años (Rivas, Madrid)

  

Todo el entorno donde me he criado era madridista, sin embargo, mis abuelos por parte de madre vivían en Valencia por lo que en vacaciones solía visitarles. Desde pequeño me ha gustado el fútbol así que, aprovechando una visita a mis abuelos por el año 2000 yo con 8 años, le supliqué a mi padre que me llevara a ver entrenar al Valencia. A la mañana siguiente fuimos a verlos entrenar, me saqué fotos con el Kily y Carew, las revelé y me forré el archivador del colegio con todas las fotos.

  

Pero probablemente fue en un partido en Mestalla que mi padre me llevó con solo 10 años el recuerdo más bonito que tengo. Desde ese día, ya podía decir al mundo entero que era del Valencia, un sentimiento que ha ido creciendo y creciendo con los años.

     

 

 

Amunt VIACHERS, Amunt València!

 

 

 

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