"El murciélago que me llevó al bar"

10/04/2018

 

Algunos de nosotros no hemos tenido la “suerte” de nacer en familias cargadas de valencianismo y pasión por el "nostre". Y sí, lo digo entre comillas porque yo me siento personalmente orgulloso de no haber tenido esa “suerte”. Lo explicaré con estas líneas.

  

La pregunta que muchos os haréis es: ¿Cómo se cultiva ese amor por los colores si no es a través de tus padres, hermanos, tíos, abuelos, etc.? Creo que el murciélago te busca a través de momentos únicos y mágicos y que lo hace con cada uno de nosotros de distintas formas. A algunos por herencia de esa pasión en su familia, a otros en su primer flechazo en Mestalla, seguro que también a muchos enamorados del juego de alguna de nuestras leyendas y a otros, como a mí, en el bar con el abuelo.

  

El murciélago es astuto y llevó a mi abuelo a aprovechar algo que sabía que ardía en mi interior, que me hacía vibrar y sentirme especial, que me hacía emocionarme como un niño, que es lo que era por aquel entonces y lo que sigo siendo ahora cada fin de semana durante unas horas. El murciélago me llevó al bar, con él.

  

No recuerdo ahora mismo un valencianismo más intenso y exaltado que en mis abuelos, creo que nunca sintieron el Valencia de la misma manera que yo lo he sentido. Sin embargo, ellos sabían cual era la manera más bonita de disfrutar juntos y me sentaban a su lado para ver el partit oferit per Bancaixa, que por aquellos tiempos era el rey del share de nuestro añorado Canal 9. Picornell, Lloret, Pina, Paco Nadal, Rovi, Fermín Rodríguez y voces como Montalt, Marco o Folgado nos traen recuerdos a todos mezclando generaciones en la radiotelevisión  valenciana. En ocasiones la abuela nos echaba de casa para poder ver ella películas como Sor Citröen, Matar a un ruiseñor, Qué bello es vivir, o el cine de barrio de los domingos por la tarde. Era entonces cuando mi abuelo y yo nos íbamos al bar, que acabó convirtiéndose en nuestro templo particular.

  

Cuando uno va al bar en el pueblo con su abuelo, se va a lo que toda la vida se ha conocido como el bar de llauros, un antro lleno de humo de caliqueños en el que uno se siente como si estuviera en la tribuna de Mestalla, al lado del clásico abuelo del puro. Yo recuerdo a mi abuelo ver el partido callado, atento y comedido, preocupado por verme feliz , que me comiese el bocadillo más grande del bar y por hacer callar a los malhablados que refunfuñaban a la tele como si estuviesen en el mismo Mestalla. A veces se originaban conversaciones entre ellos, recordando a viejas leyendas como Mundo, Puchades, Claramunt o Pasieguito. Otras, criticaban al Ranieri, Cúper o Benítez, alegando que no tenían ni idea, o presentando sus propias ideas como si ellos mismos pudiesen hacerlo mucho mejor. Pero yo, en el fondo sabía que no, porque para mí cualquier entrenador o jugador que portase nuestro escudo era un semidios inalcanzable.

  

 

Con el paso de los años ya no es el abuelo el que lleva al nieto al bar, sino todo lo contrario. Luego, lejos de tu tierra echas mucho de menos la tarde del nostre con el abuelo. Más tarde, empieza a ser ya muy complicado llevarte al abuelo, así que no queda otra que verlo en casa. Este es el mejor momento de la semana, ese momento en el que te sientas en el sillón al lado de la persona que más has aprendido de la vida y la que ha sembrado en ti la pasión por el murciélago, ¡Qué listo era el murciélago!

  

El día en que tu abuelo ya no está, deja un vacío muy grande. Muchos de vosotros ya lo sabéis. Pero el murciélago…el murciélago siempre se queda, vigilante, sonriente y fuerte dentro de nosotros. El murciélago siempre nos busca a través de alguien especial.

 

 

  Amunt València!

 

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