Cruce de caminos: 100 años

03/12/2018

 

Somos cruces de caminos. Tiendo a repetirme esto muchas veces porque me gusta pensar en aquella casualidad (o no) que me ha traído hasta aquí. Soy un romántico de esto, lo sé, pero me gusta imaginarme “el cómo” he llegado hasta aquí para poder entender algo de lo que soy. Tengo entre mis manos una foto firmada en la que sale un joven vestido del Gimnástico de Valencia. Viene con dedicatoria de puño y letra: “En el día de la purísima, en el campo de fútbol, Peral le brinda a Conchita un imparable goal”. Es 8 de diciembre de 1922 y mi bisabuelo le dedicaba, según su parecer, un golazo a mi bisabuela.

 

  

Peral empezó en el Gimnástico, y creció en el Valencia, pero vistió en varias ocasiones ambas camisetas. Muchas fueron las batallas entre aficionados y prensa por ver al “interizquierda” con la camiseta del máximo rival. Años atrás, su compañero Cubells lo descubrió. El tercer equipo del Gimnástico jugaba contra el segundo del Valencia reforzado por Cubells y tras una derrota abultada, éste le dijo: “Vols jugar en el primer del València?“. El domingo siguiente, allí estaba jugando contra el primero del Gimnástico (entienden lo de las batallas ¿no?), debutando con el Valencia y emocionado porque Kinqué iba a estar presente. Pasó de jugar con alpargatas, a usar “zapatos de fútbol”. Siempre reconoció a Cubells como la persona que le tendió la mano y al Valencia, como el club que le dio nombre.

  

Le llamaban el “Excelso”. Quizá ser artista fallero y escultor le hizo entender el fútbol como arte y el dominio del balón como su obra. Era capaz de enloquecer a la grada, pero también de enervar a todo el campo con su juego. Y es que, le gustaba el balón; “el control de la pelota, es la energía aplicada para la mejor y más exacta sumisión del balón, que debe ir donde quiera yo, no al albur impreciso propicio siempre al fracaso”. Queda claro.

  

Si hay algún partido que realmente le gustaba jugar era contra el Levante. Le encantaba esa noble rivalidad deportiva y los admiraba. Tanto es así que se sacó el pase granota años después. Muchos goles, asistencias y anécdotas vinieron con los años, hasta una agresión jugando contra el Barça.

  

A veces miro las fotos de la época durante tiempo. Me gustaría estar cinco minutos en esos partidos de los años 20 en Mestalla. Sillas de madera, público cerca y rivalidades duras en el principio del amor por este deporte en nuestra ciudad. Nos cuesta imaginar que eran “zapatos” y no zapatillas de marca; que el balón no llevaba las florituras de ahora o que mejor si jugabas con cinturón para que no se te cayeran los pantalones.

  

Han pasado 100 años, y ese cruce de caminos nacido probablemente con la foto que tengo en mis manos, me ha traído aquí. Mi admiración por los que iniciaron un sentimiento con el que muchos vivimos cada instante no tiene palabras.  No sé si el valencianismo se lleva en la sangre, pero quiero pensar que si y que a cada generación de mi familia le viene de ahí.

  

Hace unas semanas, viví algo muy especial con el recuerdo que se tuvo de Peral por parte de la Fundación y la Falla Tio Pep. Viendo la falla de 1925, que se va a volver a plantar exactamente igual, parece que el alto, espigado y rubio “interizquierda” fue “ninot”. O eso quiero pensar. No voy a volver a los años 20, pero durante unos días voy a poder estar cerca de Peral, el origen de mi sentimiento y sobretodo, mi bisabuelo.

 

 

 

    

Amunt València, amunt Viachers!!!

  

Este artículo fue publicado en la Edición en papel de LAS PROVINCIAS el 03/12/18

Fotos: Familia de Rafael Peral. Cromos y pegatinas históricas de Cisco Fran.

 

 

  

 

 

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