Doctor, no me cure

15/03/2019

 

 

Doctor, no me cure.

  

Después de más de 30 años con esta enfermedad, uno se acostumbra a convivir con ella y no todo son malos días.  

  

Quizá deba reconocerle que la parte más dura es para los familiares y seres queridos, pero ellos mejor que nadie acaban por rendirse ante una obviedad, y es que padezco una enfermedad patológica, es una adicción y se trata de la valencianitis.

  

Una extraña adicción que te hace dormir mal muchas noches, dejar de comer, perder toneladas de pelo, refrescar twitter tanto que tienes dos fisuras grado 7 en los dedos gordos de la mano y te hace faltar a tus compromisos humanos con tus seres queridos.

  

Las bodas o los bautizos, las comuniones, los cumpleaños, pasan egoístamente a un segundo plano, porque lo que un adicto quiere es ver el partido.

Y robas… robas tiempo para ti, para estar con tu adicción.

  

Lo curioso es que si además pierdes el partido, dejas de hablar, la libido desaparece y te convierte en una impotente ameba y deja la pared de tu casa, el mando de la tv, o los cojines en pésimo estado.

  

Pero es una adicción,  y es dura, muchas novias y mujeres la detestan. Saben que por unas horas pierden atención, y todo por el “puto fútbol”. Pero es que no lo podemos explicar, lo sentimos, enserio.

 

Porque “cariño" un segundo que quedan dos minutos para que cierre el mercado de fichajes y estoy refrescando Twitter” no es un argumento de peso en un viaje de novios. O porque cuando te pilla a las 2 de la mañana como un gusiluz con el móvil mirando Plazadeportiva en las sombras, no genera demasiada confianza. “No hay otra cariño, es el Valencia”.

 

 

Pero Doctor no me cure.

 

Ya se que no es fácil convivir con la valencianistis.

Y que curar mis males sería lo más sensato para mi cabeza.. pero y mi corazón?

 

Hablemos del corazón…

 

Y todos los minutos 90 de esta temporada? Y lo de ganar partidos?

Te devuelven toneladas de ese pelo perdido, te vuelven Rocco Siffredi, hacen que la vida sea un programa de Anne Igartiburu, vas salvando gatos por los árboles, ayudando a ancianitas a cruzar la calle y lo que es más importante te mete un orgullo que no te cabe en el pecho. Te da la puta vida.

  

No me quiero curar, quiero vivir esta tensión hasta sus últimas consecuencias, quiero vivir la adrenalina, la pasión y el Valencia hasta que no quede aliento.

Porque ser del Valencia es esto, sufrir, reír y sufrir.

  

Y Doctor yo así soy el más feliz del mundo.

  

Por otros cien años de enfermedad, y por celebrar lo que tenga que venir, y que vendrá.

  

Soy adicto, esperaré.

 

  

¡Amunt Valencia! 

 

  

 

 

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