Viatjarem per tot el mon

21/11/2019

Como todos los años, tras cuatros siestas y un Tour de Francia, ya estamos plantados para empezar una nueva temporada. Pretemporada, lío, pretemporada, más lío… si no se sigue este ritmo, no es el Valencia. Un Valencia que se las prometía felices con un proyecto que parecía asentarse y al que muchos ahora vemos con dudas, pero con un grupo hecho y serio con una nueva Copa en las vitrinas. Sí, es a lo que nos cogemos para ilusionarnos con esta temporada, a sabiendas que faltan fichas por entrar y salir, y que Marcelino y Mateu han ido por los aires, cosa que no moló saber en Agosto mientras jugábamos a reforzar el equipo como quien juega a los cromos.

 

 

Para todos los que viven y, en muchas ocasiones, padecen siguiendo al “Nostre”, la palabra sentimiento va ligada, en todo momento, al Valencia. Es cierto que muchos no lo comprenden, quizá piensen que estamos locos y no puedan entender como, apasionados como yo, ahorren todo lo que puedan para seguir al murciélago por los mejores terrenos de juego del viejo continente. Viajes inolvidables llenos de recuerdos que, afortunadamente, este año continuarán dándose (esperemos que en Champions a partir de mañana). Old Trafford, Juventus Stadium o Celtic Park son ejemplos de una lista que espero continúe agrandándose cada temporada. Significará que el Valencia sigue codeándose con los mejores clubes de Europa y que nosotros seguiremos cantando aquello de... "viatjarem per tot el mon, orgullosos del teu nom", de verdad de la buena.

 

Con la vista, las maletas y el avión en el Johan Cruyff Arena de Ámsterdam, pienso en lo afortunado que soy por haber podido escuchar esa melodía que tanto satisface a todos los que sienten nuestros colores en importantes escenarios. Y es que, ese sonido de la UEFA Champions League, esos arreglos sobre Zadok the Priest de Händel resonando en nuestras cabezas, nos hace recordar y revivir los años en los que fuimos los mejores, en los que nadie nos tosía. Una época en la que éramos, realmente, un equipo bronco y copero, donde creer era más que tener fe.

 

 

Con el paso del tiempo y con el recuerdo de esas dos finales que tan negra mancha han dejado en nuestro expediente, todos y cada uno de los que sentimos por el Valencia sueña, cada día, con tener una nueva oportunidad de alcanzar la “Orejona”, el título más ansiado. Y competir, competir de verdad por esta copa, hace que ese sentimiento siga vivo.

 

Si hablamos de sentir, como afortunado viajero, es realmente complicado explicar las sensaciones al adentrarse en un estadio como los que anteriormente he mencionado. Miedo, ilusión, pasión, nervios, son solo algunas de las emociones que invaden tu cuerpo cuando ves a los tuyos saltando al terreno de juego. Cada pase, toda acción de peligro o cualquier intervención por parte de los zagueros se vive en las gradas visitantes como si de una final se tratase. Es la Champions.

 

​Ver a Piccini rompiendo la cadera del mismísimo Paul Pogba en Old Trafford, aquel gol de Diakhaby en el Juventus Stadium que finalmente no subió al marcador y que tanta falta nos hacía o el primer tanto de Rubén Sobrino, en la UEFA Europa League, en el Celtic Park son solo algunos de los momentos que se quedarán para siempre grabados en mi retina. Instantes compartidos con amigos que ya son como hermanos. Compañeros de previas, de alegrías y de tristezas unidos por una palabra mágica, sentimiento.

 

¡Amunt Valencia, amunt Viachers!

 

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